Lipstick Futbolero

Con tus colores el azul, naranja y blanco

Por: , 25 de junio de 2016

Ya pasaron 29 años… 29 años de estar en lo más alto, de figurar en el plano nacional, de darle una alegría a una ciudad entera… Han pasado ya 29 años desde aquel 23 de junio en donde se alcanzaba el máximo logro de este Club; a pesar de las circunstancias y tras haber recorrido todas las divisiones inferiores, Correcaminos estaba en lo más alto… Primera División.

Calles llenas de gente, banderas y una festividad en toda la ciudad, no importaba si eras fanático, si ibas al estadio o si no te gustaba el futbol, en ese entonces todos y todo estaba a favor del “Corre”. Y como no ilusionarse,  si el América, los Pumas, las Chivas, el Cruz Azul tendrían que visitar Ciudad Victoria y por fin muchos iban a poder presenciar los encuentros entre Correcaminos y los equipos más reconocidos en aquellos tiempos.

Los juegos de ida y vuelta terminaron en empate. El partido de ida dejó una frase inolvidable, frase que Victoria recuerda y que ahorita ya genera un poco de gracia y se le recuerda de forma “chusca”… “Que lo tire el pollo”…

El partido de vuelta se vería envuelto en una tragedia para el futbol mexicano y tardaría un mes para que se pudiera jugar. Tres miembros de Querétaro habían fallecido tras un accidente automovilístico aunado a varios heridos por parte del Cuerpo Técnico y jugadores; tras el empate en este partido, se iría a una tercera final en un territorio neutral.

El marco para la “gran hazaña”… El Estadio Azteca, monumental coloso de Santa Úrsula que vería la final de Ascenso de la temporada 86-87. Todo se definió por vía penales, y “Panchillo” Cervantes se convertiría en el anotador del último disparo con el que Ciudad Victoria llegaba a Primera División.

Recuerdos que llenan de lágrimas a muchos aficionados de Correcaminos, lágrimas de felicidad y me atrevería a decir que hasta lágrimas de impotencia. Las cosas han cambiado de forma importante después de casi 30 años y cada vez son menos los que apoyan al “Equipo de casa”.

Poco a poco se ha ido perdiendo la tradición y las ganas. Ahora son muy pocas las familias que se animan a pasar un rato en el Estadio Marte R. Gómez y creo que ser un aficionado a Correcaminos se ha convertido en un “deporte extremo”.

Cada vez son más frecuentes las burlas, los malos comentarios y por más que muchos quisieran seguir apoyando o seguir con la tradición familiar, hay algo que hace que los aficionados cada vez pierdan más el orgullo de ser “Azul-naranja”.

Yo no lo viví, a mí me lo contaron, y debo admitir que me pongo sentimental cada que alguien recuerda estos momentos. En su tiempo, la afición victorense era una afición noble, que hacía largas filas para poder entrar a ver futbol, el principal recuerdo que viene a la mente es la bandera de Don Miguel Caballero, ese aficionado ejemplar aunado a la demás afición que  abarrotaba el estadio y lo hacía pesar.

Ciudad Victoria era una plaza difícil por su afición, y claro, por el calor que sofocaba a la mayoría de los clubes de Primera División. Con el paso del tiempo y siendo víctima de ciertas circunstancias, la afición se ha convertido en una afición fría. El estadio no llega ni a la mitad de espectadores, ya no hay fe ni credibilidad y ya son muy pocos los que dicen ser orgullosos de portar “La naranja”.

Me gustaría que esos días de gloria volvieran, pero me gustaría que volvieran por el bien de mi gente, para que se tengan momentos de alegría, momentos de distracción.

Aficionado o no, siempre se estará agradecido con aquellos héroes que llevaron a grandes planos a la capital tamaulipeca: Francisco Cervantes, Armando Pulido, Javier Herrera, Javier Garibaldi, José Tobías, José Treviño, Agustín Gómez, Rubén González, Julio Morales, Raúl Torales, Armando Serratos, Jesús Vállela, Gerardo Guerra, Luís Romero, Santiago Sancininea, Juan Vázquez. Jugadores que marcaron la pauta y que demostraron que él hambre y las ganas de trascender si existen en esta institución.

Ha sido un largo camino, y a decir verdad las cosas cada vez se ven más difíciles. Poco a poco se ha llegado a un callejón sin salida en donde la obscuridad se ha hecho presente en todo momento.

La afición quiere resultados, quiere motivos por los cuales regresar, quiere volverse a ilusionar cada partido y quiere sentirse orgullosa de lo que alguna vez Correcaminos fue…

Increíble que ya hayan pasado casi 30 años y que las pocas cosas buenas que podamos recordar en la historia de Correcaminos, sean eso, solo momentos en la historia de este Club.

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