“Solo veo a mi Piojo en la tele”

Por: , 08 de mayo de 2015, en la Categoria: Nacional
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Doña Marisela Aguirre, la mamá de Miguel Herrera, no espera grandes regalos este 10 de mayo, no espera lujos ni ostentación, sólo pide “algo que no cuesta, como un abrazo, un beso, una sonrisa. Eso no cuesta. Con eso soy feliz”.

La relación madre-hijo siempre será un tema muy especial, a pesar de que ese hijo sea el director técnico de la Selección Mexicana.

“Qué le puedo decir de mi hijo… Pues verdaderamente es un hombre maravilloso. La relación es muy buena. Siempre está al pendiente de mi salud, de mi vida, de mis situaciones. Aunque nos vemos poco, por su exceso de trabajo, nos vemos con mucho cariño. Él trata de que, cuando está en México, comamos juntos, viene a la casa, está conmigo”.

Mas ha sido difícil vivir con toda la parafernalia y popularidad que envuelve a Miguel. Su familia, su esposa, hijas, madre, hermano y hermanas han tenido que aprender a sobrellevar todo lo que rodea  al popular entrenador.

Ya no es el chamaco que corría por las calles de la Narvarte junto a su hermano Eduardo Miguel, siempre acompañados de una pelota, con la que rompían vidrios por todos lados. Esos tiempos ya pasaron.

“Sí, ha sido difícil —acepta doña Marisela—. Ahora es cuando menos lo veo, de dos años para acá. Sólo por el WhatsApp estamos en contacto. Le digo: ‘No has venido, no te he visto’, y me dice: ‘Pues prende la televisión. Ahí seguro estoy’. Y es cierto, en un intermedio de una novela lo veo cinco veces, pero no es lo mismo… Le digo: ‘Tú eres el chile de todos los moles’”.

No ha sido sencillo, la popularidad es demasiada. “Al principio no me molestaba que la gente lo llamara, le pidiera, pero… es demasiado el acoso. A veces no hay forma en que comamos tranquilos. Salir a comer es un problema con todo y que tratamos de ir a lugares donde somos conocidos y ya no llama tanto la atención”.

Las anécdotas al respecto ya se acumulan. “Una vez fuimos a un restaurante conocido, y un tipo lo acosó tanto, que bueno, los dueños casi lo sacan del negocio. No dejaba que comiera ni habláramos”.

“Un domingo fuimos a los toros y en 20 minutos no le pudo dar una mordida a un taco. Cada vez que lo intentaba se acercaba alguien que le pedía una foto o un autógrafo, y él no se negaba. Ya cuando pudo, el taco estaba más que frío… Pero así se lo comió”.

—¿Cómo maneja toda esta fama?

“Pues tratamos de manejarla, pero la gente también abusa. A veces ponen algo en la prensa, la televisión, que nosotros no dijimos. Ya ves mi nieta Mishelle, que es muy asediada por los medios. Es muy chica y en ocasiones dice cosas que no debe decir y la gente lo malinterpreta y los medios se pasan o hacen que uno diga cosas que no deben ser”.

—Volviendo al 10 de mayo, ¿cómo lo va a festejar, doña  Marisela?, ¿ya tiene todo preparado?

“Nos vamos a Cuernavaca a la casa de mi hija Claudia. Tiene una alberquita… Aprovecharemos para estar juntos, aunque creo que faltará mi nieta Tamara [hija de Miguel], quien está cerca de dar a luz”.

No espera regalos, no espera lujos. “Me van a hacer una comida, un asado… No creo que me den regalos. Bendito sea Dios, no me hace falta nada, teniendo a mis seis hijos, a mis 10 nietos, dos bisnietos, dos que van a llegar y salud, estoy hecha”.

—¿Cual ha sido el mejor regalo que le ha dado Miguel?

“A mi hijo nunca se le pasa mi cumpleaños, el Día de las Madres ni la Navidad. Cuando era chiquillo y no tenía dinero, él veía cómo lo conseguía, con apuestas, con carreras o no sé,  pero mi ramo de flores nunca me faltó. A veces, aunque fuera una rosa… Un día me dijo: ‘No tengo dinero’, le dije que no me importaba, pero él se fue a un jardín, cortó una rosa y me la dio. ‘Y si te meten a la cárcel’, le dije. ‘No importa. Por ti, vale la pena’”.

Ahora, espera que este día 10, Miguel esté ahí, que nadie le hable para una entrevista, que nadie lo moleste con una foto y  que, como lo hacía en la niñez, le llegue con una rosa.

—¿Tanto acoso no molesta a Miguel?

“Es que mi hijo tiene mucha paciencia, pero si no… quién sabe. Dicen que tenía un carácter terrible, pero no es cierto. Muy pocas cosas le molestan… Bueno, una cosa sí lo prende… que le insulten a su mamá”.

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