Es increíble como una decisión puede cambiar el rumbo de nuestra vida, el estar en el momento indicado por destino, por suerte, karma, o como usted quiera llamarle, deja ese toque de casualidad que mucho después puede ser motivo de conversación, recordando cómo empezó una historia en nuestro andar diario.
Así se puede desencadenar una historia laboral, educativa, profesional, sentimental, o porque no, una deportiva, en el caso del deporte siempre es grato y maravilloso poder escuchar la voz de los atletas, cuando dicen: “el deporte cambio mi vida”, pero extraordinario es ver como la disciplina, lealtad y enseñanza de un rubro deportivo, suplen necesidades de la vida y forjan en una persona de bien para la sociedad de hoy.
Un ovoide, casco y hombreras, no eran palabras que estuvieran dentro de la lista de ideas de Pedro Eduardo Rivera López, acostumbrado a levantarse muy temprano en su Casa Hogar, que le dio cobijo por motivos de una desintegración familiar, lugar de donde nace esta historia de valor, lucha y coraje.
Un día, Eduardo recibe una invitación gracias a ese toque de casualidad, al estar en la Secundaria donde se formaría un equipo de futbol americano llamado los “Dobermans de la Técnica número 71”, esto por la inquietud del Coach David Monroy.
A simple vista es fácil hacer los prejuicios de un deporte como el de las tacleadas, por el hecho que predomina el contacto, en la disputa de un balón que no es convencional, pero no fue así para Eduardo, la fuerza de hermandad de un equipo que defiende su emparrillado, y otro que ofende buscando llegar a las diagonales, le dio sentido al deporte que hoy es su pasión.
“Recuerdo que fue el coach “Bull” (David Monroy), a nuestra escuela a invitarnos, y cuando asistí lo que más me gusto fue la hermandad, ya cuando lo viví, me encariñe mucho por el juego”, hace una pausa y entre sonrisas comenta, “no sabía que eran, ni como se llamaban las hombreras y el casco cuando los vi por primera vez, solo me dijeron póntelas y ya”, explica.
Pedro Eduardo platica como fue su llegada a Ciudad Victoria, luego de vivir en una Casa Hogar en Llera, sin olvidar su tierra natal Soto La Marina, donde nació el 13 de agosto de 1997.
La falta de recurso por parte del sistema educativo pone el programado de los “Dobermans” a la espera de ser reactivado, pero la inquietud de su Coach llevó a Eduardo a seguir adelante, invitándolo por segunda ocasión ahora a pertenecer a los Zorros de Comercio en la categoría Juvenil “A”, donde conoce al coach Baldomero Solano, que con más de 30 años de trayectoria en el futbol americano local, lo arropa en las filas de los Zorros de la Facultad de Comercio.
“Un día nos dijeron, ahora van a entrenar a la UAT, han pasado de un equipo bajo a un equipo medio, nos comentaron que ya habíamos crecido, yo lo vi como evolucionar, y nos llamaríamos Zorros, ahí conocí al coach Solano, nos trató con cariño, pero nos entrenaba muy duro, con disciplina, yo nunca me imaginé estar en un equipo así, con mucha ayuda, ni imaginaba que iba a ser titular ni nada, recuerdo que lo que más me gusto fue el uniforme”, charla.
Siempre las adversidades salen a relucir, pero con el apoyo de los compañeros y de los entrenadores, la familia de los Zorros siempre ha estado al pendiente de él.
“Yo fui uno de los mejores en Dobermans, pero dije estos chavos entrenan más, no la voy armar, ellos han entrenado más que yo, muchas veces pensé, que estoy haciendo aquí, pero con el tiempo llegue a ser titular, gracias a los entrenadores y compañeros; el coach Solano me da consejos de todo y siempre está al pendiente de mí, eso me hace feliz”, comenta.
En menos de dos años, la vida de Eduardo se había trasformado gracias al deporte, su tutor orgullosos de él, comenta que académicamente se propuso subir el promedio de 8.2, a 9.8 y lo logro, pensando en su incorporación a un CBTIS de la localidad, comentario que hizo en el terreno de juego mientras veía jugar a Eduardo.
Para “Lalo” los cambios reflejan motivación para seguir adelante, donde incluso el analiza y valora sus propios avances, que en poco tiempo han sido de muchos méritos, sabiendo que esto apenas empieza para él.
“La actitud y disciplina es lo mejor, te cambia para bien, hoy me siento con ganas de echarle más a la vida, de estar al cien, yo quiero el cien por ciento más en mi vida por que un equipo más bueno me eligió, y tengo que echarle más ganas en todo”.
Con lágrimas en los ojos y abrazando a su tutor tras el silbatazo final, Pedro Eduardo Rivera López, alcanzo su primer campeonato con los Zorros, esto dentro de la categoría Juvenil “A” 2013, siendo titular y no permitiendo que le completaran un solo pase de anotación, ya que su posición es de esquinero defensivo, demostrando a si mismo que las cosas se pueden alcanzar.
“Me siento alegre porque si he cambiado y soy feliz, sé que no tengo a mis padres, pero Zorros es mi otra familia, donde también tengo todo, lo de mis papás pase lo que pase no es motivo para que yo me vea abajo, tengo que llegar más alto, un día el coach Solano sintió orgullo porque su hijo llego a la NFL, yo también quiero ponerlo orgulloso, de un chavo que nada más llego así, sin apoyo y sin nada, se metió a Zorros y llego lejos”.
Los pequeños detalles hacen grandes las cosas, y cuando no tenemos la magnitud de las cosas, de los logros o hazañas, nos damos cuenta que el inicio de una buena vida puede ser la cosa más sencilla del mundo, un abrazo, o una sonrisa.
“El campeonato me puso muy feliz, me vi cambiado, la primer persona que veía solo quería acurrucarme en sus brazos, abrazarla, me sentí orgulloso de mi, tenía mucha felicidad, hoy sé que nada se puede hacer sin tener una sonrisa, todo se puede hacer sacando una sonrisa, estar siempre feliz y siempre sonreír”, concluye.