#Box Un ‘Jaguar’ que pelea por su vida

Con dos peleas profesionales ganadas, el ‘Jaguar’ piensa en grande, tras su pasado de drogadicción y delincuencia, que gracias al Box no terminó en tragedia.

Por: , 19 de agosto de 2013, en la Categoria: Local
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“Nadie golpea  más duro que la vida”, así dice la frase de una de las películas de boxeo más reconocidas en el mundo, Rocky, frase que puede describir un poco la vida de Balam Francisco Hernández Acosta, mejor conocido como el “Jaguar”, que tras sufrir problemas de desintegración familiar, las calles y la violencia lo atraparon, orillándolo a una vida de drogadicción y delincuencia, vida que hoy  solo es un recuerdo que quedo atrás, y todo gracias al Box.

Nacido el primero  de marzo de 1994 en el Distrito Federal, pero victorense por convicción, como el mismo lo dice, Francisco es un boxeador que tarde a tarde se le ve llegar al gimnasio “José Sulaimán Chagnón”, denotando sencillez al saludar, humildad al conversar, pero intensidad al entrenar.

Los guantes son el “chip” que modifica su comportamiento, esa actitud que dejo muchos estragos en el pasado, y es que el “Jaguar” no siempre fue el hombre que tira golpes al aire, asimilando la batalla en el ejercicio de sombra, que tras 2 minutos deja sin aliento a cualquiera.

Asediado en la primaria por sus compañeros que se burlaban de él, agrediéndolo física y verbalmente, y en un punto de quiebra familiar tras la separación de sus padres, Balam decide seguir los pasos de quien también fuera boxeador.

“Mi papá fue boxeador, nunca lo vi pelear arriba de un ring, pero si en la calle, la primera vez que lo vi, fue cuando engaño mi mamá a mi papá, nada más le puso tres (golpes) y ya no se levantó el chavo, le tuvieron que hacer un montón de puntadas, yo estaba en cuarto grado de primaria, y yo siempre me dejaba de todos, se burlaban de mí y de ahí surgió todo, me dijo mi papá, te voy a enseñar para que sepas defenderte”.

Lamentablemente la falta de orientación social en esos días, era algo que no se encontraba a la vuelta de la esquina, para el ahora pugilista, provocando peleas en la calle y en la escuela al grado de sufrir expulsiones de diferentes instituciones, y con la separación consumada de sus padres, llego a la “escuela” del barrio, donde conoció la delincuencia y la drogadicción, ante la falta de su padre que también pasaba por tiempos difíciles.

“Yo tenía 9 años cuando conocí la droga, mi papá se apartó de mi un tiempo, yo ya estaba en el mundo de las drogas y no sabíamos nada de él, ya lo había dado por muerto mi abuelita, que fue con la persona que yo me quede, pero un día, nos dan la noticia al hablar a la casa de que mi papá estaba recuperándose, también por drogas y alcoholismo, y fue cuando me mandó llamar, porque él quería que yo también me rehabilitara, yo no me deje y me pelee con él, eso ya fue acá en Ciudad Victoria, y mejor me regrese de nuevo al DF”.

La inducción a las calles fue mayor, la cotidianidad de perpetrar actos vandálicos era el pan de cada día, así como la necesidad de una estancia lo hacía vulnerable, al grado de comer de la basura para seguir subsistiendo.

“Cuando se fue mi papá, me quede yo en el barrio, traía armas, tomábamos todos los días, a todo le hacía, robábamos, robamos carros, todo se nos hacía fácil, traía un montón de droga, la que quisiera, desde piedra, cocaína, inyecciones, mota, chochos, metanfetaminas, hongos, a mi edad veía como violaban chavas, todo eso te saca de onda y pues cuando te daba hambre y no había nada, me tocó comer de la basura, eso es muy gacho y no me gustaría que nadie lo pasara”.

Irónicamente el nombre de Balam, se originó por que su padre trabajo en el velódromo olímpico en los juegos Centroamericanos del Caribe de 1990, donde la mascota se llamaba Balam que traducido del Maya al español significa Jaguar. Con el estigma hecho la vida tomó un giro radical y de vivir en la “lona” por varios años, la semilla del box creció inesperadamente, tras otra visita a su padre.

“Mi papa insistió y me volvió a llamar tiempo después y cuando vine a visitarlo, yo traía un montón de droga que metí al anexo (Centro de Rehabilitación), y cuando yo estaba adentro me revisaron, y pues me dieron para adentro, me avente un buen tiempo recuperándome y gracias a Dios entendí, después cuando me “bajaron”, y vi a mi papá le comente que quería volver a entrenar, pero ahí adentro, ayudado con platicas y apoyo que te dan, después nos dieron oportunidad de buscar un gimnasio, fuimos primero al estadio y no había nadie, después al Sulaimán y tampoco, pero regresamos y fue cuando conocí al Profe. Omar Blanco, mi papá le dijo que me diera una oportunidad, me pusieron a un chavo avanzado y le pegue, y sorprendido el Profe. Omar me pregunto quién me había enseñado, y le dije que mi papá y desde entonces no me soltó, y aquí estoy”.

A partir de ese momento, Balam Francisco Hernández Acosta ha cambiado mucho, hoy cuenta con dos peleas profesionales dirigido por el Profesor Omar Blanco, las cuales gano ambas por nocaut, y alejado de todo vicio se ha vuelto una promesa a seguir, todo por el boxeo.

“He dejado todo los vicios, ahora veo las cosas muy diferentes, antes cuando siempre me gustaba el cotorreo pues nada importaba, ahora que ya soy profesional es toda una responsabilidad, tu aspecto, como le hablas a la gente, todo cambia,  la humildad es primero, hoy quiero ser un ejemplo para los chavos, quiero pasar ese mensaje a los chavos drogadictos de que si se puede ayudado por el deporte, cuando yo vi a un chavo platicar en el anexo sobre el mismo problema, me di cuenta que no era el único, que no estaba solo, yo no le echo la culpa a mi familia, por irme a la droga, porque yo lo quise, uno hace lo que quiere, uno conoce lo que es bueno y es malo”.

A 5 años de limpiar su vida de vicios, el “Jaguar” sigue recuperando su vida, con nuevas metas, recientemente retomó la escuela cursando la Preparatoria, sin olvidar su objetivo dentro del cuadrilátero, donde busca trascender con el sueño de ser campeón, a sabiendas que su ciudad natal es otra, pero con la “Piel del Jaguar” bien puesta por esta localidad, que le dio una esperanza de vida.

“Estoy por entrar a la escuela de nuevo, siempre hay motivaciones en todos lados, una amiga me dijo inténtalo, si yo puedo porque tu no, y tome el reto, estoy a pocos días de entrar, hay que ir para arriba siempre, en el box estamos esperando que vengan muchas peleas, donde tengo el sueño de llegar alto para ser un orgullo victorense, aunque soy del DF, pero con el orgullo victorense, como un campeón mundial de aquí hecho Victoria”.

Francisco Hernández Pérez, padre del “Jaguar” apoya incondicionalmente a su hijo, en la actualidad vive con él y es pieza clave, para la motivación personal del joven talento, que sigue demostrando que con el deporte todo es posible, incluso una nueva vida.

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