Histórica Hazaña

La Temporada 86-87 el equipo de Correcaminos cumplió con el objetivo de llegar a la Primera División, en una épica final al vencer a Gallos Blancos de Querétaro.

Por: , 15 de julio de 2016, en la Categoria: Correcaminos
Click para ampliar la imagen

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El sueño se había cumplido…la palabra alegría no alcanzaba para describir el sentimiento real de tanta satisfacción, de interminable sonrisa, incontenible emoción, contrastes de sentimientos, llanto que era alegre, aplausos que te llevaban a los saltos, al son de los cánticos, las porras se entonaban con fervor, el corazón estaba acelerado de emoción, los brazos tenían fuerza para ondear banderas sin parar, los carros sonaron sus cláxons, había fiesta, era amor, era pasión por Correcaminos.

Así era el festejo de la mayor hazaña del equipo naranja en la Temporada 1986-1987, del Ascenso, en donde Ciudad Victoria, tenía toda su atención en el equipo de sus amores, en los colores únicos de Correcaminos.

La ciudad era pequeña pero vibraba domingo a domingo con su equipo, el amor de la afición estaba fiel, los colores azul, naranja y blanco adornaban todos los rincones, los coches, los negocios, las casas y calles.

El Estadio Olímpico Victoria hoy Marte Rodolfo Gómez Segura, era el escenario en el que cada domingo los amantes del albiazul se daban cita para vivir el gran espectáculo de ver a su once en el pasto, romperse las medias para lograr un triunfo, junto a la ciudad, junto a su equipo; de la mano de los jugadores y con un sentimiento de afinidad inigualable, la grada hervía en euforia.

No importaba el sol, tampoco que fuera domingo y mucho menos que hiciera calor, victoria ahí estaba.

Largas filas se observaban por todas las entradas al Estadio, la ciudad se unía y se paralizaba, si no estabas ahí, te emocionabas con el simple hecho de saber que el equipo de casa jugaba, estabas pendiente pues, ¡había futbol!

Esta historia cargada de pasión por el deporte de la pelota y sus once caballeros y un amor por muchos incomprensible a un equipo; tuvo su mayor episodio dibujado en el mes caluroso de junio, incluso con pinceladas de desafortunados sucesos, dio inicio la última etapa del Torneo, aquella que se ha quedado grabada en el corazón, en la mente y en los sueños de los que poseen un corazón naranja.

En la gran final, el equipo de la Universidad Autónoma de Querétaro se mediría ante la Universidad Autónoma de Tamaulipas, dos alma maters en disputa por el ascenso.

El juego dio arranque ante una afición con fe, que confiaba en que su equipo podría darle la mayor alegría, el deseo tan anhelado, el sueño, el máximo premio… el ascenso.

En casa de muchos, las veladoras encendidas junto a los banderines naranjas hacían lo suyo.

Victoria despertaba húmeda, pues una noche anterior, una tromba azotó la ciudad y la dejó maltratada, el sol se asomó, pero la cancha del estadio se había convertido en lodo.

Aun así, el silbante indicó el inicio del primer partido de la serie, la grada se envolvió en un mismo son, un mismo objetivo en cancha y tribuna.

El 10 de mayo, se vivió en la cancha del Estadio Victoria, el juego terminó empatado a cero goles, con una falla de un tiro penal que José “el pollo” Tobías no podía creer.

El empate con sabor a triunfo empujó a los emplumados hacia el juego de vuelta.

Aquí es donde un episodio desafortunado pintó la historia de dolor, el equipo de los Gallos de Querétaro regresaba a su hogar y en un lamentable accidente tres jugadores perdieron la vida y más de 10 heridos era el saldo.

El futbol nacional se llenó de luto y el partido de vuelta tuvo que esperar.

Correcaminos se conmovió, guardó respeto por el rival y supo esperar con paciencia la fecha del segundo duelo, el decisivo.

La fecha fue el 20 de junio, el pasto del Estadio Corregidora fue el campo de batalla, dos rivales con profundo respeto peleaban por llevarse la medalla.

El empate en esta batalla pactó un tercer partido, en el estadio Azteca…ahí Correcaminos vestido con la camiseta azul, pantaloncillos cortos blancos, medias combinadas en el color con la playera, logró la mayor hazaña en su historia.

Era un martes caluroso de junio, 23 el número que marcó el calendario de 1987, fecha memorable, un capitulo enmarcado con honores, el recuerdo más feliz y con una satisfacción irrepetible, un sabor dulce y único.

Con una entrega y pasión que se percibía a la distancia, el equipo emplumado peleó su batalla con honor, con la camiseta pegada al cuerpo y al corazón, amando cada color del uniforme, cada relieve del escudo, comprometidos, aguerridos, enamorados del balón, pero más que del balón, de su equipo, jugadores que se brindaron hasta el último respiro.

Afición que se lanzó al ruedo con la misma pasión contagiada por aquellos que hoy son leyendas, hinchas que gritaron cada segundo del juego, envueltos en los colores que los enamoraron, esperanza expresada en cánticos, saltos y emociones que hoy con el paso del tiempo, no borran “la piel chinita” que pudieron sentir e incluso nos la vuele a poner de emoción al recordar y transportarte hasta ese día.

Llegaron los tiros desde los once pasos, por un lado, Santiago Sansininea defendería con su vida la red de Correcaminos, haría todo por cubrir la zona entre los postes, por otro lado, Torruco que también se aferraba a su portería, como cuando el lobo cuida su guarida.

Por Correcaminos cobró, José Treviño, Serratos, José Raymundo Tobías, El “capi” Garibaldi y Francisco “el panchillo” Cervantes.

Vino entonces aquel sonido de festejo, ese que aun suena en los oídos, y hace que tus sentidos se estremezcan, ese grito unido que al cerrar los ojos te transporta al Azteca… con la imagen de los jugadores saltando de emoción.

Se logró, ahí estaba Correcaminos y su ascenso, con una ciudad paralizada frente al televisor, que explotó en las calles de Victoria, la alegría, la fiesta, los aplausos, la emoción, banderas azules, naranjas y blancas, globos, confetis, música, canticos, aficionados inundando las calles principales de la ciudad, así, en medio de esta tonalidad, la ciudad recibió a sus jugadores, a los guerreros que habían defendido hasta la última batalla y volvían con la victoria colgada de sus cuellos, el autobús llego a Ciudad Victoria, aquella que vibraba, pequeña pero apasionada ciudad.

Había fútbol del máximo circuito en esta pequeña ciudad. Había un equipo enamorado de su gente y su gente enamorada de su equipo.

Lágrimas de felicidad, sonrisas dibujadas en los rostros de la afición, aplausos que no alcanzaban, gritos en los que se acababa la voz que no daban abasto al sentimiento de haber llegado hasta la final de ascenso y no solo llegado, si no, ganado.

Ahí estaba Correcaminos, Ciudad Victoria y el amado y hoy tan extrañado ascenso.

Encuentra mas notas relacionadas a estas Etiquetas: , , , , , , ,

Comenta esta noticia!